martes, 20 de octubre de 2026

White privilege and the struggle to travel without it [original from 2017]

 

I might look white, but I am not. My Ecuadorian passport says so. I am among those millions of people in developing countries to which freedom of movement does not apply. I have been to all five continents – with the accompanying expense, stress, and time that applying for a visa brings. I have been to the United States of America at least 15 times. I have lived, short-stayed, transited through, touristed in the East Coast, the West Coast, the Rust Belt, New England, and the sorts. I even got a job filleting salmon in Alaska, which prompted by an overly stressed Mum and Gran, I never took. I have had a US visa since I was 17… until now; when I am due to travel to Ecuador transiting through Los Angeles. Airplane tickets bought, accommodation paid, red Mustang convertible ready to cruise around Hollywood; and no visa…

So, five weeks before my scheduled trip to Ecuador – via the USA – I started my paperwork to apply for a visa. As I live in Darwin - in the Top End of Australia, I need to physically travel to either Melbourne, Sydney, or Perth to attend a personal interview. I need to pay all expenses myself: flights, accommodation, food. As usual, all applications start online. Half way through the application a question in the screen prompts me to smile. It says “Are you wishing to renew your visa within 12 months of its expiration date?” to which I promptly said ‘YES!’, then it asks me if I have been ten-printed (fingertip scans of all my digits and thumbs) answered with a loud ‘YES!’ too. “Are you an Australian citizen or permanent resident” to which I sadly said ‘no’. Screen goes back to square one. Back to being a third class citizen.

So it is not about being white skinned. It is about being Australian. Or European. Or UnitedStatian. Or South African, but back in apartheid times – now they also need visas. It is about having ‘that sort of ’ white privilege, irrespective of the colour of your skin. Darker coloured people with a white-privileged passport count – in theory – as white for travel purposes. 

White people can travel on a whim. Had a break up, travel. Got a partner, travel. Fancy a change, travel. Got spare cash, travel. Got no cash, travel. We can’t. We need to provide proof of funds, proof that we own some property, proof that we have a job to come back to, proof that people love us and will miss us if left behind for too long. Proofs. However, you may still have all the proofs and still not be granted a visa. We may have the proofs, but they have the whims.

…and next year I will have to repeat this all over again. My Ecuadorian children’s USA visa will expire… so all expenses will be times three as a legal guardian has to travel with them to do the personal interview. Hopefully someday, we will be darker-skinned white-privileged Australian passport holders who can travel on a whim… Until then, better keep an extra piggy bank to cover all of the expenses of being third-class citizens and an extra bag of hope and patience.

Veronica Toral-Granda is a PhD candidate with RIEL studying the link between human mobility and the arrival and spread of invasive species in the Galapagos Islands, Ecuador.

[Original entry printed in Flycatcher Magazine Issue 4, February 2017 - file:///C:/Users/veron/Downloads/issue%20no%204_2017.pdf - with edits to make it relevant to today]

Me fui

Me preguntaron a dónde voy. Cuándo me he ido, lo he hecho con propósito. Qué al intercambio, que a una pasantía, que a una conferencia, que a un taller internacional. Cuando cumplí los ticinco, ya había estado en los cinco continentes y mi pasaporte lucía sellos de entrada y salida de múltiples países. Gracias al inglés aprendido en el intercambio y a las herencias heredadas pude oír en vivo y en directo como suena el hebreo, el chino, el afrikáans y el malayo. Comí perca del Nilo, probé pepinos de mar y tomé travarica. Mi pasaporte se abría automáticamente en los membretes gordos y redondos de visa a países que generalmente estaban vedados para humildes portadores de pasaporte ecuatoriano. Esos mismos países que primero nos colonizaron y luego nos vetaron la entrada.

Cada uno de estos viajes representaba un trámite logístico, administrativo y económico monumental. Cartas oficiales de invitación, gastos pagos o pruebas de fondos, viajes interprovinciales mientras vivía en provincia continental y transoceánicos desde Galápagos. La visa para los EEUU era imperdonable en el proceso pues mostraba que uno viajaba y no se quedaba. Irónicamente, los colonizadores se quedaron mientras que los colonizados no podíamos hacerlo.

Para ir de turista, igual. 

 Verde: no visa; Rojo: visa requerida. Fuente: https://www.passportindex.org/passport/ecuador/

Hoy por hoy, los ecuatorianos tenemos acceso libre (sin visa) a 53 países (ranking#99). Esto incluye la mayoría de Latinoamérica y el Caribe, y la mitad de Asia. Ningún país colonizador nos da acceso libre. El mejor pasaporte es el de Emiratos Árabes Unidos (#182) seguido de Singapur y Malasia. Peor que nosotros está Jamaica (#96), Guyana (#95), Bolivia (#87), República Dominicana (#93) y Cuba (#71). Para un ecuatoriano, eso de viajar por las puras no existe, viajar implica cierto nivel de logística y preparación. Y paciencia.

En mi historial viajero, tuve el privilegio de poder ir a dónde necesitaba, siempre. Hasta que el siempre se acabó, como se acaban las cosas en la vida. Desde marzo del 2024 estuve preparando a) un taller internacional en Alemania; y, b) un viaje de turismo para festejar 25 años de amistad con mis Ambas4. En agosto del 2025, ya con todo listo: participantes, hoteles, agenda, USD3,500 para mis gastos y armada con mi residencia permanente en Australia me embarqué al proceso ya rutinario de ir a pedir la visa. Pagué el inescrupuloso valor de un pasaje de ida a Quito y me fui con mi mochila llena con los documentos probatorios de mi idoneidad para nuevamente ir a Europa. Tenía todo: carta de invitación, suficiente dinero, hospedaje, relevancia académica y sobre todo mi residencia permanente en Australia. Si bien Alemania era mi destino final, solicitaba la visa Schengen por España pues planeaba turistear en Madrid y Barcelona y luego ir a Alemania. La entrevista fue genérica, exitosa y en paz.

Pues España me negó la visa. El cónsul español con el nombre más de cónsul jamás visto, firmaba el formulario genérico con la negación. Que no había dado suficiente razón para ir, y que no. Punto final. Luego intenté por Alemania, pero ni siquiera me dieron la oportunidad pues según ellos debía haberlo hecho desde Australia. Volví a postular por España, y me la negaron más rotundamente esta vez. Había más información en la carta firmada por el cónsul con nombre de cónsul, pero el resultado el mismo. En el proceso desembolsé más de USD350 por los dos intentos por España que fueron a las arcas de la colonia española, como en el pasado.

El 14 de marzo del 2026 recibí mi ciudadanía australiana y apenas recibí mi pasaporte azul decidí que viajaría. Viajaría por las puras, por las mismas o por las de siempre. Mi pasaporte azul me abría el mundo. Me compre dos mapas tamaño familiar, uno del mundo y otro solo de Europa y empecé a planificar.